Los mercados son cada vez más competidos. Mientras
los directivos de las organizaciones se concentran en mejorar la rentabilidad
de la empresa, incrementar la calidad de sus productos o servicios y pelear
ese 0.5% del mercado, hay una serie de amenazas que pueden interferir con el
cumplimiento de las estrategias del negocio.
Una manera efectiva de ocuparse de los riesgos que ponen en
juego la integridad de la organización y el desarrollo normal de las
operaciones de negocio es la Administración de la Continuidad
del Negocio (ACN).
¿Qué es la ACN?
En inglés esta disciplina se llama Business Continuity
Management y es un enfoque nuevo de la administración de proyectos, administración
de riesgos, gestión de crisis y disciplinas afines que se basa en las
vulnerabilidades operativas de la empresa para desarrollar estrategias de prevención,
mitigación, contención y recuperación en caso de desastres.
Es una forma en que las organizaciones de cualquier tipo desarrollan
capacidades desde dentro de su estructura y así dependerán
menos de compañías de seguros -u otras agencias externas- para
resolver cualquier tipo de crisis operativa o de cualquier otra fuente. Con
ello ahorrarán tiempo, recursos y asegurarán que la parte medular
de su cadena generadora de valor continúe operando sin
interrupción (de ahí el nombre de Business Continuity Management).
¿Quiénes necesitan implementar ACN?
ACN es una práctica que asegura las actividades del
negocio, cualquiera que éste sea, ante cualquier fuente de riesgo. Una
organización que valore esta característica y desee destinar adecuadamente
sus recursos en caso de interrupciones operacionales será buena candidata
para implementar algún nivel de ACN.
¿Cómo desarrollar una Cultura de Continuidad?
La Continuidad del Negocio no es solamente responsabilidad
de unas cuantas personas trabajando al margen de la empresa.
Asegurar la continuidad de operaciones de cualquier organización es más
que solamente proteger al negocio. Con ello también preservamos los empleos
y la dignidad de las personas.
Entonces la seguridad debe convertirse en una segunda naturaleza.
Más que cualquier otra fuente de riesgo, la prevención
de riesgos operacionales es un tema cultural. Por ello debe convertirse en uno
de los pilares de la ética empresarial y la estrategia de negocios. No
por nada, más y más empresas globales recurren a la figura administrativa
del CRO - Chief Risk Officer. Esta cultura de continuidad y reducción
de riesgos debe, por lo tanto, difundir cada política y cada decisión
de negocio a lo largo y ancho de la organización. La creación
de una conciencia de seguridad y una aversión al riesgo
debe involucrar cada nivel administrativo y permear a cada empleado y área
funcional.
La Administración del Riesgo Operacional se ha consolidado
como "mejor práctica de negocio" y uno de
los aprendizajes principales de las industrias es que las empresas que toleran
los riesgos operacionales literlamente están "jugando con fuego".
Para lograr un cambio cultural es necesario que la gente modifique
su comportamiento y forma de pensar. Los nuevos procesos de negocio deben institucionalizarse
y mantenerse al día. Debe imponerse una nueva disciplina, pero a través
del convencimiento de todos los involucrados para incorporarlo en su, nueva,
forma de hacer las cosas.
Continuidad. ¿Hace la diferencia?
Las empresas no preparadas que enfrentan un
desastre sucumben dos años más tarde. Las que
sí cuentan con un programa de gestión de desastres se
recuperan a los seis meses de la crisis.
Este es el resultado de un estudio conducido por Rory F. Knight
y Deborah J. Pretty en 1993, donde se examinan 13 catástrofes que sucedieron
entre 1980 y 1993. Se encontró que las empresas que manejaron
bien una situación de crisis se recuperaron en 6 meses e incluso
algunas sobrepasaron el valor accionario que tenían
antes del siniestro, mientras que las empresas que no se recuperaron desaparecieron
en 2 años. La administración efectiva de las consecuencias de
una catástrofe fue un factor más significativo que el hecho de
que el impacto económico del evento fuera amortiguado por un seguro contra
daños.